(segunda) cronica desde jerusalem

pashkvil(foto: Vahida Ramujkic)

cada mañana me levanto y doy la vuelta corriendo a los muros de jerusalem. en el camino paro en una parte que tiene un poco de cesped para hacer ejercisios. desde hace 4 días, justo ahí donde paro a entrenar, en medio de la hierba, veo un objeto pequeño que me llama la atención. es un clip de pelo de color rosa con lunares blancos, un poquito oxidado en sus bordes. cada día lo veo. cada día paso de él. hasta hoy. hoy cogí el pequeño clip de pelo rosa con lunares blancos un poquito oxidado en sus bordes, y lo puse en mi cartera.

después de comer, vahida puso una falda y cubrió los pelos. yo me he puesto en la cabeza una kipa de ganchillo, negra, que me dejó un amigo, Rami, que lleva kipa. enganché la kipa a mi pelo con el clip de pelo rosa con lunares blancos un poquito oxidado en los bordes y salí con vahida a pasear por Mea She’arim.

durante alrededor de una hora y medio nos perdimos por unas calles donde no había casi nadie mas que hombres vestidos en su mejores trajes negros o batines satinados, con unos gorros peludos de una altura impresionante. me fascinó los carteles que tienen colgados por todas las paredes. llamados “pashkviles” estos carteles con su texto y sin ningúna imágen son la manera prinicpal de comunicación en este barrio. con palabras dramáticas y alarmistas advierten de los peligros que sufren la comunidad, libros que están apunto de salir (“os advertimos: todos vuestras acciones estan siendo escritos en un libro!”), unos flyers que estaban cubriendo las calles (durante todo el paseo no hemos dejado de ver este flyer) acusan a un tal rabino Steinman de llevar a todo el público ortodoxo hacía los “crematorios de Aushwitz”…

el dramatismo, el tono urgente, el burbujismo, me recordó un poco al mundo de los activista universitarios de Barcelona, tan metidos en sus discusiones y discursos internos… sin duda entrañable.

debo decir que me encantó el paseo, fué como entrar de golpe a una realidad totalmente paralela a la mía, el sol que estaba por bajar iluminó las calles, casí sin coche por la cercanía del Shabat, en una luz calida, todos iban agrupandose para juntarse en sus respetivas sinagogas del cual salían los cantos y gritos de una gente que vive en constante temor agitado y efervecencia.
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